Curso urgente de política para gente decente.

Juan Carlos Monedero ha publicado un nuevo libro. Si el título es sugerente, el contenido no defrauda conteniendo profundas reflexiones muy útiles para la vida cotidiana.

Si quisiera enumerar lo que mas me ha interesado tendría que publicar casi todo el texto. Me conformo a compartiros dos párrafos con los que empieza el libro.

(me he permitido señalar en negrita dos frases realmente contundentes)

José Valentín

…… Estas reflexiones han querido tener enfrente el espejo de la gente decente. La que encontró Orwell entre la gente humilde en Wigan Pier, en su primer trabajo como periodista. La que le sorprendió en su honestidad y le llevó a pelear más tarde junto a las Brigadas Internacionales en la guerra civil española. También la que le llevó a enfrentarse a cualquier totalitarismo. La gente decente que está harta pero no quiere ventajas sobre sus vecinos, la que no quiere ni vivir en la derrota ni triunfar por encima de nadie. La que se llena de coraje y dice que no cuando lo fácil es decir que sí o abrazar alguna explicación que nos tranquilice. La que aprende a no tenerle ni miedo ni recelo a la política porque entiende que la política somos, sobre todo, nosotros. La que se refleja en el espejo de lo que nos emociona por esa generosidad que rebrota cada vez que hay una desgracia, la que se desespera porque se siente cansada, la que no entiende qué hemos hecho para merecernos esto pero no está de vuelta, mucho menos antes de haber iniciado el viaje. Gente decente que quiere vivir una vida decente. Y en estos tiempos, otra vez sombríos, no le dejan.

…..

Vivimos un tiempo en el que la gente decente anda perpleja, y los canallas, envalentonados. Aunque parezca mentira, hubo un tiempo, tampoco tan lejano, en el que la gente no se avenía a tratar a los demás como meras mercancías. Los tiempos cambian, la indecencia se convirtió en norma y la decencia fue volviéndose un valor escondido. La regla mató la excepción. La última vez que en nuestro mundo cristiano gente indecente se tiró por la ventana fue durante la crisis de 1929. Luego, como si hubieran desarrollado ungen perspicaz, ricos, tahúres, explotadores, defraudadores, asesinos, traficantes, mafiosos, gobernantes y conniventes jueces y fiscales, asistidos todos por lustrosos despachos de abogados, dejaron de hacerlo. Entonces empezaron a saltar las personas decentes. Hay una relación directamente proporcional entre la adaptación de los canallas y la desadaptación de los humildes.

…..

El siglo XX estuvo marcado por la política y amenazado por la economía.

…..

Hemos inaugurado el siglo de la economía, apenas amenazado por la política. Regresó la economía y se exilió la política, reducida a meras cuestiones técnicas para transformar los votos en gobiernos. Algunos dijeron que el Estado había muerto. Pero no era verdad. Sólo había cambiado de manos. El jefe del Estado saluda el día de Nochebuena y el Gobierno del Reino de España dedica uno de los anuncios más caros del año -el de Nochevieja o el de Año Nuevo- a pedir a los ciudadanos que jueguen a la lotería. Alguno se llevará el dinero de todos. Pensar en términos individuales es la forma más suicida de pensar la política. Por pura estadística, las mayorías serán el combustible de los fogones de las minorías. Sin política somos un ave migrando solitaria sin la referencia de las demás. La política es auto ayuda colectiva. El nosotros de nuestro yo. El lenguaje que nos permite hablamos a nosotros mismos pero que nació para ser diálogo. Eso que primero fue un gesto, una mirada, una mano agitada (“ayúdame” ) y que luego fue una palabra que resumía el gesto, la mirada que imploraba, la mano agitada que reclamaba «¡ayúdame!»). La diferencia entre la auto ayuda individual y la colectiva es que la primera presume una claudicación cobarde ante la vida. La valentía es un gran abridor de caminos.

Cuando menos lo esperamos, tomamos decisiones que nos cambian la vida. «No sabía qué ponerse y decidió ponerse feliz.» Feliz afuera. ¿Dónde si no? Donde estaban los otros. Una mano, sobre otra mano, sobre otra mano. Tanto que parecía imposible de pronto se hace luminoso y sencillo. El tallo de una margarita y la energía que ordena el mundo; un niño que apenas sabe andar, riéndose, y un anciano que toma las armas por- que la dignidad está en peligro; un trozo de hielo marchándose entre los dedos y mil horas de estudio consagradas a entender un asunto complicado; unos ojos que reflejan todas las razas y todas las razas reflejadas en unos ojos; unos zapatos agujerea- dos pero alegres y la voluntad de todo un pueblo de decidir por sí mismo.

La democracia -decía Harry Emerson Fosdick- se basa en la convicción de que en la gente común hay posibilidades fuera de lo común. La gente común, la que hace que funcionen los autobuses, el metro, los desagües y Disneylandia, la que abre los puestos de los mercados, los almacenes, los teatros y los bares, la que obra el milagro de que salga agua cuando abrimos la llave, la que permite que llegue un pedido de la tienda y la que cuenta a los niños dónde están el Ebro y el Orinoco. La que lee el mundo con gafas de peatón y siempre intuye «hasta aquí hemos llegado». La Política, con mayúsculas, es ese lugar donde los ciudadanos marcan ese «hasta aquí». La política, con minúsculas, es la gestión cotidiana de esos grandes momentos.

En el orden normal de nuestras prioridades, «lo frívolo y lo eterno» debieran pasar, como una obligación de decencia, por delante de la política. La «decencia común» frente al escaparate mentiroso de la vida pública. La honestidad compartida, intuitiva, de quien alguna vez se ha sentido humillado, de quien conoce que hay una corriente de solidaridad entre los humildes, ese diálogo con las cosas que son más grandes que uno, por en- cima de las decisiones sin argumentar de los poderosos. Por eso, sobre todo por eso, necesitamos la política. Ese lugar donde vamos a decidir cuánta desigualdad estamos dispuestos a soportar. Cuánto dolor estamos dispuestos a ver y cuánto dolor estamos dispuestos a padecer. Porque, tarde o temprano, terminamos poniendo límites a las desigualdades. Los poderosos lo saben. Y les aterra. Así, con idas y venidas, vamos avanzando. Haciéndonos conscientes de nuestros límites y de nuestras posibilidades. Es ese optimismo que, como corriente de fondo, alimenta las razones para seguir remando.

Política también para garantizar lo importante, para que nadie nos trasto que la jerarquía de nuestros deseos y nuestras necesidades, para no ser marionetas despintadas y con los hilos rotos. La política es la garantía que nos va a permitir dedicar- nos, con la seguridad de quien por fin ha entendido, a lo frívolo y a lo eterno. A vivir y a entendernos. A vivir porque somos seres vivos. A entendernos porque en algún momento de nuestra evolución empezamos a saber que venimos con fecha de caducidad (qué susto no les vendría a los primeros antepasados que vieron a la muerte siempre acechando. Cuánto se parecerá a nuestro propio miedo). Vivir y explicarnos. ¿O es que acaso hay tarea más importante que, a un mismo tiempo, fatigar con las exigencias insobornables de la cueva, del fuego, del alimento, del agua … , y también construir sentidos con las letras, con las imágenes y con los sonidos? Porque somos así de frágiles, porque no sabemos de dónde venimos ni adónde vamos.

Video de dos minutos sobre el libro:

http://www.planetadelibros.com/curso-urgente-de-politica-para-gente-decente-libro-113074.html

Presentación COMPLETA del libro en la librería “La Central” de Madrid:

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=GXiA-7veDrE

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